Ambas imágenes marianas presidieron a primera hora la misa del peregrino. Tras ella, un pasacalles fue recorriendo el recinto a ritmo de dulzaina y tamboril. Apretando ya el calor del mediodía, comenzaba la Misa Mayor, a la que no faltó nadie: los dos patronatos (el de Sonsoles y el de Las Vacas), varios concejales del Ayuntamiento de Ávila, e incluso el subdelegado del Gobierno. El Santuario de Sonsoles se quedó pequeño para albergar a todos los que no quisieron perderse esta gran cita; fieles que permanecieron de pie durante toda la Eucaristía, y que mostraron su entusiasmo al final de la misma, con la entonación de una sentida Salve, y la proclamación de varios “vivas” para ambas imágenes.
Tras la Eucaristía, hubo procesión por el recinto del Santuario. Hubo que parar varias veces la marcha de la misma para cambiar de anderos, pues eran muchos los interesados en poder llevar sobre sus hombros alguna de las dos imágenes que (junto a Santa Teresa) más devoción tienen en Ávila.
Ya por la tarde, y después de una nueva Misa en la que ambos patronatos se intercambiaron recuerdos de esta visita, los Mozos de Las Vacas emprendieron camino de vuelta a su ermita, con una bajada festiva y alegre, que terminó pasadas las 22:00 horas, con un fuerte repique de campanas y la Salve cantada por los miles de devotos que se encontraban en la puerta.
Una cita que se repetirá, Dios mediante, dentro de 20 años, cuando la Virgen de las Vacas se reencuentre de nuevo con la Virgen de Sonsoles, allá por mayo de 2034.
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