miércoles, 1 de abril de 2015

El Arzobispo de Sevilla hizo un llamamiento a la unidad del presbiterio en la Misa Crismal de la Catedral

El arzobispo de Sevilla hizo un llamamiento a la unidad del presbiterio, “nuestra fraternidad cordial y sin fisuras, aunque nuestras sensibilidades y acentos sean distintos". "No consintamos –añadió- que nada ni nadie melle la unidad de nuestro presbiterio”. Este mensaje forma parte de la homilía que pronunció en el curso de la Misa Crismal que se celebró en el Altar del Jubileo de la Catedral ante unas 800 personas, la mitad de ellos sacerdotes, diáconos y seminaristas. Anteriormente, el clero se ha reunido en la parroquia del Sagrario, donde ha tenido lugar la celebración penitencial. El cardenal arzobispo emérito de Sevilla, mons. Carlos Amigo, concelebró la Eucaristía junto al Arzobispo titular de la sede de Sevilla, Mons. Asenjo Pelegrina.
En su homilía, el Arzobispo  subrayó la necesidad que los sacerdotes se preocupen unos de otros, y de que se fortalezca “la inserción y la ayuda mutua en el arciprestazgo, la búsqueda discreta de los que se aíslan, el acompañamiento cálido de los más débiles, de los que dudan, de los que yacen al borde del camino, como consecuencia del desánimo o del sufrimiento en el alma o en el cuerpo”.

Mons. Asenjo Pelegrina afirmó que “pocas celebraciones litúrgicas tienen un simbolismo tan rico y un significado tan hondo como la Misa Crismal”. En ella se ha consagrado el santo crisma, bendecido el óleo de los catecúmenos y de los enfermos, y “confesado a Jesucristo como sumo y eterno sacerdote, profeta y rey”. En esta línea, se dirigió al clero señalando que Jesucristo “debe ser nuestra única pasión, el centro de nuestros pensamientos”. “Sin Cristo, nuestro ser y nuestro ministerio se desvanece y carece de consistencia”, añadió.

Hizo también un llamamiento a la lucha contra el derrotismo y la desesperanza: “A pesar de la secularización que reseca las raíces cristianas de Europa; a pesar del desfondamiento moral que penetra por todas las rendijas de la vida social; a pesar del alejamiento y del nihilismo de una parte notable de nuestra juventud; a pesar de la crisis pavorosa del matrimonio y de la familia; a pesar de las dificultades que el laicismo militante nos pueda crear en un futuro inmediato; a pesar del dolor y la impotencia que sentimos para salir al paso del sufrimiento y la pobreza de tantos hermanos nuestros excluidos inicuamente de la sociedad del bienestar, para el sacerdote amigo de Jesús también éste es un tiempo de gracia, de poner la mano en el arado con decisión y sin titubeos, de remar mar adentro y de echar las redes en el nombre del Señor”.




No hay comentarios: